Brexit y Seguridad Energética: ¿Quién pierde?

Tras haber respondido el pasado año a la pregunta sobre su permanencia en la Unión Europea, el Reino Unido abandona el club comunitario. Son muchas las repercusiones que se darán de esta desconexión, y de estas nos ha salpicado la prensa en todo momento, como han sido las consecuencias en materia económica, social, militar, o sanitaria.    

Si se echa algo en falta en la cobertura dada por los medios, ha sido la ausencia de un enfoque energético de carácter estratégico, ya que pese no estar presente en actualidad, la marcha del Reino Unido tendrá graves consecuencias para la Unión Europea, y de forma más directa de la aparente, en España.  

Echemos una ojeada a que representa a nivel energético el gigante británico actualmente. El Reino Unido es actualmente el mayor productor de petróleo de la Unión Europea, y el segundo mayor productor de gas, muy cerca de los Países Bajos. Hablamos de un país que cuenta con un potente mix energético, similar al español, que combina de forma hábil la producción energética renovable (segundo mayor productor de energía renovable), junto con la convencional (es uno de los escasos países de la Unión que ha desarrollado la extracción mediante fracking). Es además un país referente en términos energéticos, tanto en el ámbito tecnológico como en lo político, siendo puntero en áreas como la lucha contra el cambio climático, la justicia energética, la competitividad del mercado energético, así como en la limitación del intervencionismo estatal en el mercado de la energía.    

Tengo la convicción, que la Unión Europea va a echar en falta la iniciativa y experiencia del Reino Unido en materia energética, lo que acabará afectando al protagonismo europeo en la gobernanza global energética, al reducir el atractivo del modelo energético europeo. Pero más preocupación me genera el hecho de que España vaya a perder un potente aliado para las cuestiones energéticas dentro del club europeo. Y es que ambos, con modelos energéticos similares, y con situaciones de aislamiento geográfico similares, han compartido posicionamientos en temas clave del sector. Un ejemplo claro de este posicionamiento conjunto fue la fuerte apuesta que ambos hicieron por potenciar las interconexiones eléctricas atlánticas, así como el frente común que realizaron oponiéndose al gasoducto con Rusia (Nordstream 2), apostando así por reforzar los lazos energéticos con el norte de África, como serian la potenciación del mercado eléctrico con Marruecos o la ampliación de los gaseoductos con Argelia.  

La seguridad energética es un tema que debería causar mayor repercusión, ya que como se ha puesto de manifiesto en varias ocasiones de forma reciente, la Unión Europea es profundamente dependiente en cuanto a energía se refiere, al importar hasta un 50% de la energía que consumimos, con una factura que es objeto de los vaivenes políticos y que alcanza los 400.000 millones de euro. El suministro de gas natural proveniente de Rusia, que abastece a la Europa central, del este y báltica, nos mantiene en una situación de debilidad, al ser utilizado como herramienta política, siendo a su vez hasta un 23% más caro que el consume la Europa occidental. Que estos países, encabezados por Alemania, diversifiquen sus proveedores, llevando a cabo obras de infraestructuras de gran calado, como podrían ser una red europea de gaseoductos, permitiría al conjunto de la Unión Europea una seguridad energética que actualmente es inexistente. Para ello se debe abordar el tema con una visión estratégica a largo plazo, dejando de lado los intereses nacionales, que tanto han lastrado el proyecto europeo.    

España se ha quedado sin un socio muy importante en materia energética, por lo que nuestro esfuerzo en las negociaciones europeas deberá redoblarse. Necesitamos a una España que se presente ante la Unión Europea como un miembro más proactivo, más propositivo, que recupere el abandonado discurso favorable de las energías renovables, que apueste de forma más decidida por el Mercado Único Energético avanzando más en las interconexiones eléctricas, y que sea capaz de proyectarse como un actor de reequilibrio, lo que sin duda aumentaría nuestra presencia en el panorama internacional. Debe ser nuestro objetivo pasar a ocupar el vacío dejado por el Reino Unido, y no perder el pulso a los gigantes continentales que tan opuestos intereses tienen en materia energética.

 

Lorenzo Márquez.

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